sábado, 15 de febrero de 2014

MEN #28: Evangeligar



El clásico "evangeligue". Este término tan sui géneris, propio del evangelicalismo, se compone de dos palabras clave. El primer verbo es 'evangelizar': "es el tecnicismo que se emplea para expresar la acción de proclamar el mensaje de Cristo."[1] El segundo verbo es 'ligar': este término viene del latín ligāre que significa atar, unir; de ahí que coloquialmente se refiera a "entablar relaciones amorosas o sexuales pasajeras",[2] o más comúnmente, "coquetear".[3]  Habiendo explicado los dos términos, aquí mi definición de la desgraciada fusión de ambos:
Evangeligar: Compartir el evangelio de Jesucristo como medio para establecer una relación amorosa.
Ahora bien, veamos porqué esto del evangeligue es todo un mito. Todo comienza con esos "testimonios" románticos, inspiradores, llenos de ilusiones que se asemejan al siguiente relato:

A Fulano le gustaba Sultana y estaba enamorado de ella (en algunas versiones del mito Sultana correspondía a los intereses de Fulano, en otros no le hacía caso). El problema para Fulano era que, siendo cristiano y Sultana no, conocía del pasaje en 2 Corintios 6:14: "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos…" Y eso del "yugo desigual" lo acechaba constantemente, a cada hora del día y también por las noches, ahuyentándole sus pensamientos y sueños de pasar su vida al lado de Sultana. Así que Fulano, estando en crisis, en plena contradicción existencial, pensó: "El problema es que no puedo andar con Sultana porque no es cristiana. Entonces si la evangelizo, si le predico para que sea cristiana y acepta, sí podré andar con ella. Esa es entonces la solución." Y así hizo. Iba con su Biblia una y otra vez tras ella, predicándole infatigablemente como todo un testigo de Jehová –o bueno, si quieren como todo un Spurgeon– y, tras tanta perseverancia ¡Sultana se convirtió! Fulano y Sultana se hicieron novios, se casaron y vivieron felices para siempre.

Y así este cuento se escucha resonar en el evangelicalismo. Quienes conocen a parejas así,  defienden su "testimonio" a capa y espada, y exclaman: "Su matrimonio es un ejemplo a seguir para todo joven y jovencita cristiana". Incluso, hay quienes van como conferencistas invitados a iglesias,  grupos de jóvenes, congresos, campamentos, a dar su "testimonio" de "como Dios es fiel". Algunos, de esto aprenden que "el que persevera alcanza",  otros, más espiritualones, que "Dios recompensa a quien se mete de lleno en su obra", que "hay que ser insistentes en la predicación para que se conviertan", muy "bíblicos" dicen que "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien", que "Dios bendice tu esfuerzo", que "hay que obrar con fe", etc.

¡Bah! Otro mito arraigado en el evangelicalismo. Quedan varias preguntas al aire: ¿a qué se convirtió Sultana?, ¿verdaderamente al Evangelio o fue más bien a Fulano? Si a Sultana le gustaba Fulano, ¿no pudo haber dicho que sí creía, sólo con el fin de satisfacer el requisito de Fulano, y entonces andar con él, viviendo un engaño quedando en predicamento su eternidad? Si Fulano no podía conquistar o enamorar a Sultana por otros medios, ¿no habrá sido aquel evangeligue lo más bajo que pudo haber hecho: amenazando a Sultana con el lago de fuego con tal, no de que se salvara sino de que le correspondiera? Y si finalmente, todo resultó como Fulano quería, ¿será que debe andar pregonando su testimonio como algo digno o virtuoso? Y también, ¿significará que su historia de amor es modelo a seguir? Si son honestos ya saben las respuestas a estas preguntas. Pero como sé que algunos evangélicos, en sus dicotomías, no hacen caso de la lógica sino que necesitan "bases escriturales o bíblicas" para saber si algo es verdad, pues les explico por medio de una somera exégesis de 2 Corintios 6:14, y al mismo tiempo comparto con ustedes ciertas ideas que algunos chicos y chicas evengélicos comentaron en una publicación de Facebook acerca de este pasaje, ideas cancerígenas que andan rondando en el evangelicalismo y que merecen ser extirpadas para que no se extiendan más.

El versículo de 2 Corintios 6:14 comienza con: 'No os unáis', literalmente: 'no lleguen a estar'. El verbo es un imperativo precedido por la partícula negativa. Esto indica que es un mandato a: 1) dejar de hacer algo que se está realizando, o 2) que es algo que por regla general nunca jamás debe hacerse: no hay excepciones. Algunos cristianos corintios mantenían relaciones con incrédulos, razón por la cual el apóstol Pablo les ordena que dejen de hacerlo y que nunca lo hagan. Al mismo tiempo establece un principio para todo cristiano: el mandato a no unirse en yugo desigual. Este mandato implica que no hay excepciones para poder mantener relaciones con incrédulos; pues, por ejemplo, seguramente podrían decir: "¡ah, es que es bien buena onda!" o "¡es que está re-buena!" o "es bien lindo, respetuoso, cariñoso y amoroso" o como alguien comentó: "depende de que tan bien esté el yugo". Cualquiera que pueda ser una buena razón para establecer dicha relación queda sin ningún valor ante el mandato dado a nosotros en la Escritura. 

El término griego heterodzugéo traducido por 'yugo desigual' designa el: "...caminar juntos bajo un yugo extraño."[4] La imagen que describe este verbo es la de un peso que se carga y que agobia, desvía, retrasa o impide el caminar. Esa es la lamentable situación del creyente en una relación con un incrédulo: no logra el objetivo de su vida. Al respecto, un comentario fue:
es un principio que se basa en la diferencia radical que se supone que debe haber en ti como hijo de Dios...pero también es un principio cierto en otras áreas como por ejemplo madurez espiritual (ser madura y andar con un bebé espiritual es de flojera) u otros valores básicos que no estamos dispuestos a negociar. (sic)
Aunque parece bueno este comentario no es lo que el pasaje está enseñando. No habla de esa madurez espiritual; ese es otro aspecto a discutir pero no en base al versículo en cuestión. Pues el mandato es en relación al creyente y el incrédulo. 

Dicho término en plural es apistoi, 'incrédulos'. Algunos de los jóvenes, de modo natural cambian el término ‘incrédulo’ por 'inconverso' o 'inconversa', que aunque no es tan severo como el original capta algo del significado. Ante tal término una persona publicó:
Jajajajaa... 'inconversa'... esas etiquetas... saben? En los ultimos meses me ha dicho Dios de mil maneras: Yo amé al mundo tanto que dí a mi Hijo, al mundo, completo, en general... los de las etiquetas son ustedes (sic)
Es cierto que Dios ama a todo ser humano, no obstante hay una clara diferencia entre aquél que cree y aquella persona que rechaza hacerlo. Los términos 'creyente' e 'incrédulo' se utilizan en relación a Cristo, o sea: se cree en Cristo o no. El ser 'creyente' o 'incrédulo' no solamente es un adjetivo dado a la persona; más bien, tiene que ver con el ontos, es decir, define el ser. De manera que 'creyente' o 'incrédulo' no son tan sólo una característica de la persona sino su mismo ser. Este distinción es elemental porque se puede llegar a pensar que ser 'creyente' o 'incrédulo' es una cualidad de la persona que puede no ser importante, como ser alto, guapa, morena, musculoso, etc., (tal como piensan algunos de los jóvenes que comentaron la publicación). Sin embargo, 'creyente' o 'incrédulo' es el mismo ser de la persona y, por consecuencia, es lo que constituye y rige su vivir. Y esto es definido en relación Cristo Jesús, él es quien define el ser. Ante Jesucristo solo se puede ser creyente o incrédulo, con todas las consecuencias que conlleva.

El término 'incrédulos' al ser masculino plural es inclusivo, implica tanto hombres como mujeres. Sería un error pensar que sólo aplica a las cristianas y que los varones cristianos están exentos del mandato. Por lo tanto, es una advertencia para todo creyente, varón o mujer, a no asociarse con los incrédulos, sean varones o mujeres.

Otro aspecto que clarifica la cuestión son los otros términos utilizados en el pasaje (1 Co. 6:14-18). Están ubicados en contraste y total oposición: 'ustedes - incrédulos', 'justicia - injusticia', 'luz - tinieblas', 'Cristo - Belial', 'creyente - incrédulo', 'templo de Dios - ídolos'. Lo cual nos muestra la completa incompatibilidad de tales relaciones.

El contexto entonces explica el versículo: la Palabra de Dios manda a todo creyente en Jesucristo a no relacionarse con quien no cree en Jesucristo y por lo tanto, no solamente aplica al matrimonio. De lo contrario sería una excusa conjeturar que: "puesto que es un mandato exclusivo del matrimonio, entonces puedo tener la novia que yo quiera aunque sea incrédula". Cosa curiosa es que alguien escribió:
Hay mas flexivilidad en el noviasgo( siempre y cuando tus intenciones sean ganarla para Cristo) el cual fue mi caso y funciono!!! (sic)
"Funcionó", ni que fuera un remedio casero... Este es el mito del evangeligue vivito y coleando. Tal modo de ver el pasaje tergiversa el mensaje de la Escritura. Busca ser una excusa para desobedecer y/o es una racionalización del pecado en la experiencia personal. Además, como vimos al principio, se mezclan dos cosas distintas: la relación de yugo desigual y la evangelización. Lo que es una manera de hacer pasar algo malo por algo bueno. El Evangelio se torna utilitarismo. Y aunque llegue a resultar en primera instancia no significa que esté aprobado o sea la excepción al mandato. Si no, ¿por qué será que a lo largo de más de dos mil años de cristianismo no ha existido algo así como un Ministerio-para-"evangeligar"-a-la-pareja-deseada:-"Dios-te-ama-y-yo-también"?

En fin, si un creyente quiere establecer una relación con un incrédulo, a pesar de los parámetros vistos en el Escritura, pues que lo haga, pero que no venga con la utilización a su conveniencia del Evangelio de Jesucristo. Evangeligar es una afrenta contra el mismo Evangelio al mismo tiempo que una pobre y lastimera manera de ligar. Ahora bien, si una persona ama a su pareja, sacrificialmente como Cristo amó a su iglesia y se entregó a sí mismo por ella (Ef. 5:25), aunque esta no sea creyente, puede mantener su relación dando testimonio cristiano en todo momento -su fe así ya no es utilitaria, ya no se trata de un evangeligue-, aunque deberá cargar con las implicaciones que resultan de la incredulidad de la pareja y sin llegar a la profundidad de una relación netamente cristiana, pues uno carecerá del Espíritu de Dios que da comunión plena.



1. “euaggelidzo”, G. Strecker, Diccionario exegético del Nuevo Testamento Horst Balz y Gerhard Schneider Eds. Volumen I, 3ª edición, Trad. Constantino Ruiz-Garrido (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2005), 1634-1635: proclamar / traer una (buena) noticia. En el AT se emplea para anunciar la salvación (escatológica), mientras que en los escritos helenísticos se utiliza en relación a la curación del emperador o su entronización, para la llegada de un benefactor. “El euaggelídzo del NT se halla bajo la esfera de influencia no sólo del mundo lingüístico de AT y del judaísmo, sino también del mundo lingüístico griego y helenístico.”
2. “Ligar”, Real Academia Española, Diccionario de la lengua española 22.ª ed. (Madrid: Espasa, 2001). Versión digital: http://lema.rae.es/drae/srv/search?id=qGD4jfAipDXX2Lod9Shp, consultado el 4 de febrero, 2014.
3. “Ligar”, Guido Gómez de Silva Ed., Diccionario breve de mexicanismos 2ª edición (México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, Academia Mexicana, 2008), 110.
4. “heterodzugéo”, Diccionario exegético del Nuevo Testamento, 1622. 

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